lunes, julio 28, 2008

Crisis Mundial: Batalla relámpago

La vida está plagada de ironías, una batalla estudiada y preparada con antelación fracasa rotundamente mientras que otra improvisada, motivada por el orgullo herido triunfa. Al regresar a Agartha tras nuestro desafortunado encuentro con Sir Edward Holst nuestro ánimo estaba por los suelos, todo el plan para romper la idílica imagen que planean proyectar de los Grises había resultado ser una estratagema retorcida para retarnos a un último combate.

Estábamos debatiendo serenamente en un salón de lectura los pasos a seguir cuando Zirconia Starfighter entró como un huracán seguida de varios refugiados de Zyga'Rhon, listos para entrar en acción.

- Necesitamos levantar la moral y yo sé como hacerlo. Debemos despojarles de algo o mejor dicho alguien valioso, dicho lo cual proyectó un holograma sobre una mesa. Era la criatura monstruosa en cuya cabeza estaban los cráneos del hijo de las estrellas, un gris y Tamerlán.

-Es un buen plan, salvo por el pequeño detalle de que ya pasaron nuestras tropas por eso y tuvieron que huir.- Apuntó un aparentemente distraído Lionel.

- Esta vez es distinto, tenemos a un jinete de las tormentas y también estoy yo.- Dijo señalando primero a uno de los refugiados y luego a sí misma. Ante esos argumentos dimos luz verde.




¡Tú eres la tormenta!

A pesar de las ganas que teníamos de participar optamos prudentemente por quedarnos en Agartha y mantener la imagen de que nos estábamos concentrando para el gran combate, incluso sembramos Internet de rumores sobre disensiones en nuestras filas y abandonos, que explicarían sobradamente la marcha de unos cuantos soldados. Si es duro luchar, la espera lo es más. No saber qué pasará, no atreverte a pensar en lo que puede pasar, ponerte en lo peor aunque confíes plenamente en tu gente.

Una nueva ironía, mientras distraía mi atención enzarzándome en piques infantiles con académicos rezando para el pronto regreso de Starfighter y los Zyga'Rhonianos tenía la sensación de que llevaba una eternidad pero cuando volvieron apenas habían transcurrido unas tres horas. El nuevo jinete de las tormentas avanzó rodeado de un viento frío e increíblemente vivo del que salían diminutas chispas. Llevaba un saco de piel y al abrirlo a nuestro pies vimos tres calaveras muy familiares. Zirconia apoyó su mano derecha sobre el hombre del joven y dijo con una sonrisa.

-¿No os dije que os darían una alegría?

¡Por Isis que sí nos la dieron y espero que sea la primera de muchas!

1 comentario:

  1. Bueno, espero que los preparativos de cara a la inminete confrontación final sean tan fructíferos como esta incursión, porque, y siento ser pesimista, me parece que si la batalla fuese hoy, perderíamos.

    Hay poco tiempo, pero puede ser suficiente para equilibrar fuerzas.

    Que Brigit nos asista.

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