Llegamos a la séptima entrega de Arqueología Pop tras un arduo trabajo de excavación más digital que analógica en los rincones más oscuros y polvorientos del archivo subterráneo privado de Lord Henry Winter. El hallazgo que hoy sacamos a la luz deja en evidencia una fascinación secreta inesperada de nuestro censor victoriano preferido por la fantasía mitológica y el cine de culto. Entre antiguos tomos y actas de confiscación de la decrépita Academia, hemos rescatado una pieza gráfica sencillamente soberbia: el póster original de The Minotaur’s Journey, una obra que debió ser una película de culto, pero que fue borrada por ese miserable.
Os presento el imponente cartel de The Minotaur’s Journey, una ambiciosa epopeya de fantasía ochentera realizada en un glorioso stop motion (producida por Titan Films, con el sello técnico del legendario Ray Harryhausen, la dirección de Derek Meddings y la música del maestro Basil Poledouris). La cinta ostenta un reparto de absoluto culto encabezado por Lance Henriksen, Barbara Bach y la presencia colosal de Orson Welles prestando su voz como El Oráculo. El póster se coronaba con una frase lapidaria que condensaba su dilema trágico: «HERO OR MONSTER, HE MUST CHOOSE HIS FATE».
La composición visual es una joya del cine de aventuras de los años 80: ante la fachada polícroma de un grandioso templo griego, un minotauro hipermusculado y de fiero aspecto —armado con un enorme hacha de doble filo— recibe un cáliz dorado de manos de una enigmática sacerdotisa ataviada con una túnica de seda blanca y una inquietante máscara plateada. Con esa estética que bebe del péplum clásico pero impregnada de un magnetismo erótico y épico muy visceral, la escena plantea la duda fundamental: ¿estamos ante un monstruo a punto de ser apaciguado o ante un héroe trágico reclamando un destino ganado a pulso?
Para Lord Henry Winter, un puritano obsesionado con encasillar la mitología clásica en fríos manuales académicos, despojada del color y la fantasía que la caracteriza, la sola idea de un minotauro humanizado, rodeado de erotismo, misticismo y criaturas en movimiento fotograma a fotograma, debió de suponer una aberración intolerable. Pero la hipocresía de Winter no tenía límites: en lugar de destruirlo, ocultó el póster en el fondo de su depósito subterráneo para deleitarse en privado con el trabajo artesanal de Harryhausen y Meddings. ¿Quedará alguna copia del largometraje? Quién sabe, pero me temo que el poster era todo lo que necesitaban para detectar si esta obra se había escapado de su funesto y cruel destino.
Gracias a la Arqueología Pop, la criatura rompe sus cadenas, abandona el laberinto de la censura académica y reclama finalmente su trono bajo el sol de la Grecia mítica.
