Llegamos a la tercera entrega de nuestra nueva sección Arqueología Pop. Las dos primeras han causado un enorme impacto entre nuestros enemigos, quienes han movilizado a sus esbirros para esparcir todo tipo de majaderías cuyo elemento en común es negar la autenticidad del material. En esta ocasión el hallazgo nos toca de una forma muy especial, pues nos devuelve directamente a nuestra base principal, mi tierra adoptiva, mi segundo hogar. Si en las anteriores entregas viajábamos a playas exóticas idílicas o desiertos inhóspitos alienígenas, hoy desenterramos una joya insólita rodada en las mismísimas piedras centenarias de Santiago de Compostela. Una obra clandestina que el infame y caído en desgracia Lord Henry Winter ocultó con celo enfermizo para que jamás viera la luz. Un crimen contra la Humanidad. Otro más de la infame Academia.
Hablamos del cartel promocional de un documental independiente y de marcado corte amateur con un título impactante y cautivador: Aliens en Compostela. Sabemos que fue dirigido por X. A. de la Fuente en el año 1974. No hemos encontrado información sobre el autor. Bien podría tratarse de un seudónimo, o de que el borrado del documental haya incluido hasta la mera existencia de las personas involucradas en su creación. La estética del póster es un prodigio de la ufología setentera: las grietas del papel, la imponente fachada del Obradoiro envuelta en la noche y ese clásico platillo volante proyector de luces que parece dialogar directamente con la arquitectura barroca. Todo acompañado de preguntas tan incendiarias como estimulantes: «¿Y si la Vía Galáctica también es parte del Camino de Santiago?» o «¿Y si en la Catedral descansan los restos de peregrinos de otros planetas?».
La hipótesis del documental no podía ser más fascinante: la célebre Vía Láctea, la ruta estelar que desde tiempos inmemoriales ha servido de mapa a los peregrinos en la Tierra, sería en realidad una prolongación natural del Camino utilizada por viajeros de otros sistemas solares. Seres que, tras cruzar años luz, desembarcaban para completar a pie el último tramo hasta el sepulcro del Apóstol Santiago. Uno no puede evitar elucubrar sobre la titánica odisea que supuso este rodaje en la España de 1974. Es casi seguro que el valiente equipo tuvo que realizar incursiones nocturnas y clandestinas en las excavaciones del subsuelo catedralicio, esquivando a la policía y a los esbirros de la corrupta y decadente Academia, para filmar con cámaras de súper-8 lo que creían vestigios de enterramientos no humanos. ¿Y qué hay de las entrevistas? Imagino a de la Fuente recogiendo testimonios entre la bruma gallega: desde paisanos de la Ruta Jacobea jurando haber visto caminantes de siluetas imposibles hasta grabaciones limitadas por los medios de la época de 'peregrinos de las estrellas' relatando su viaje intergaláctico a Compostela.
¿Por qué desató esta humilde producción la ira del nefando Lord Henry Winter? Es de sobras conocido que la corrupta y decadente Academia siempre ha mirado con recelo y alergia todo lo relativo al Apóstol Santiago y la tradición compostelana, pero la idea de conectar el fenómeno jacobeo con peregrinos extraterrestres resultaba sencillamente intolerable para sus rígidos dogmas. Para el anciano censor, que un cineasta gallego independiente sugiriera que la Catedral era un faro galáctico de acogida universal dinamitaba por completo la narrativa de oscurantismo, miedo y aislamiento espacial que la maligna Academia lleva siglos imponiendo a la Humanidad.
Un rescate de pura y necesaria Arqueología Pop galaica para recordar que Compostela significa Campo de Estrellas y que la Tierra no existe de forma aislada, sino que forma parte de la Vía Láctea y del Universo. No estamos solos. Nunca lo estuvimos. Quién me diera dar con una copia de este documental. Sé que es difícil, pero sería un hallazgo histórico. Ahora, al menos, somos conscientes de su existencia, y eso hace que el mundo sea un lugar más interesante.
¡Por Isis!