En Estados Unidos descubren una estafa en la reconstrucción de Irak que superaría a la del infame Madoff, en la India casa a una niña con un perro para quitarle una maldición, el LHC sufre un nuevo retraso... y así podría seguir todo el día recitando noticias que ponen de relieve la mediocridad y la estupidez de la especie humana. Esos defectos, grabados fuego en nuestro ADN han hecho fracasar cada intento de convertir este mundo en una utopía o cuando menos en un lugar mejor. Los sistemas propuestos a lo largo de los siglos funcionan a lo sumo en el papel, mas no en la realidad pues es entonces donde el factor humano se vuelve decisivo. No son las capacidades del más hábil ni del más dedicado las que marcan el éxito o fracaso sino las de la más baja escoria, es el mínimo común denominador el que arrastra las buenas o no intenciones como un río contaminado.

La PVU nos permite redistribuir a la población optimizando los recursos humanos, es un paso en la dirección deseada pero no es suficiente, ni de lejos. Si queremos crear un Nuevo Mundo, si realmente queremos deshacernos de todos los lastres que han frustrado a la humanidad, debemos cambiar nosotros mismos, reinventarnos. Con ese elevado fin la Academia ha iniciado dos vías de trabajo:
- La alteración de ADN en especímenes ya desarrollados.
- La creación de nuevos seres humanos desde cero.
Yo mismo he participado como voluntario en la primera de las vías, en la cual nos es introducido ADN extraterrestre. La segunda es más ambiciosa y se encuentra en las primeras fases de desarrollo. Ahí, junto a nuestros aliados crearemos a la nueva especie humana. Será como dibujar en una pizarra en blanco todo aquello que quisimos ser, romper las ataduras a las que nos hemos resignado, soñar con lo imposible y hacerlo realidad. Ese es el espíritu del Nuevo Mundo.
Saludos, Sir Edward Hols