domingo, noviembre 30, 2008

¡Rescatado al fin!

Las últimas horas han sido terroríficas, la prisión parecía estar a punto de derrumbarse y que los dos grupos de criaturas decidieran declararse la guerra sin ningún motivo aparente no ayudó precisamente a mejorar la situación. Decir que aceleraron el declive de la estructura del edificio es un bello eufemismo para describir el caos de destrucción y salvajismo que tuve que soportar. Justo cuando empezaba a perder toda esperanza de volver a ver la luz del sol o cualquier cosa en general me di de bruces con cierto escocés. Es todo un gigante en persona. Resulta que el Bardo Duane McGregor se había quedado en la isla al igual que el Doctor Abismo para mantener ocupada a la Academia mientras Steiner era llevado a un lugar seguro. En realidad era el que venía a estar al mando en la isla ya que su compañero estaba concentrado en sus experimentos. Corriendo salimos por un túnel y nos subimos a uno de los barcos traídos por el Marqués de Aymar que parecía decepcionado por la "calidad" de los rescatados. Se ve que los viajeros en el tiempo ya no tenemos el mismo caché de antaño.

Ahora descanso plácidamente en la cubierta tomando una copichuela mientras pienso en mis siguientes pasos. Por lo pronto mañana, cuando esté recuperado de estos días tan ajetreados retomaré el relato del rescate, que justo está en el momento cumbre. Tras eso ya veré si sigo con este blog o me lo quitan de las manos los académicos. Además no hayq ue descartar la reaparición de mi hermano, de líos mayores le he visto salir indemne. Para despedirme recupero una de las pocas tradiciones que conservo Edward de Steiner. Hoy es domingo así que...


Salve Masuimi Max, musa de Planeta Inquietante vestida de la Hiedra Venenosa. Que tu regreso a esta bitácora sea un signo de esperanza.


Un saludo, Gustav Holstz

sábado, noviembre 29, 2008

Interludio musical: Holding out for a hero

Escribo estas líneas para retener la poca cordura que conservo, desde el combate todo parece un sueño o más bien una pesadilla. Ojalá estuviera secuestrado con mi hermano, así no tendría que preocuparme constantemente por seguir vivo. Si me estuviera inventado esta historia no tendría tantos problemas para distinguir qué es real y qué es producto de mi imaginación.Si ayer estaba solo hoy no tengo tanta suerte, grupos de criaturas se arrastran sin una dirección clara. Algunas son claramente cobayas del Doctor Abismo, debo reconocer que tiene una imaginación y un dominio de la cirugía ciertamente notables. Son quimeras, hechas con partes humanas, animales y mecánicas. Sin su creador parecen desorientadas, me pregunto que habrá sido de Industrial Queen.

El resto de la criaturas en cambio no parecen de este planeta y me atrevería a decir que tampoco de este dimensión. Son grandes, muy grandes, tanto que tienen problemas para moverse por los pasillos. Hay algo en ellas que me da mala espina, se mueven como si ya estuviera familiarizados con la Tierra y nuestra tecnología pero al mismo tiempo una voz grita en mi cabeza que han venido por la grieta. He conseguido evitarlos hasta ahora escondiéndome en cualquier cubículo que tuviera a mano. No creo que la suerte me dure mucho así que por si acaso cierro la entrega de hoy con cierta canción, que no sé porque molestó a un comentarista. Bueno, sigo con mi deambular por la prisión de Elba.

Un saludo, Gustav Holst

viernes, noviembre 28, 2008

La fuga de Patrick Von Steiner Parte 5

Y llegó el día del combate entre mi hermano y Regente de la Academia, Sir Edward Holst y el "prisionero" del Marqués de Aymar, el Doctor Abismo. Se tenían tantas ganas que tenía que ocurrir más temprano que tarde. En buena hora se me ocurrió acompañarle en su asalto a la enfermería. Empezó con un carnicería entre los soldados voluntarios o no de cada bando para dar paso a un duelo entre los cabecillas. Y ahí es cuando se armó la gorda. El Doctor Abismo recurrió a sus conocimientos refinados tras años, quizá décadas de experimentación en cualquier tipo de ser vivo, mientras Sir Edward Holst sacço a relucir las mejoras que le han hecho los Grises junto a sus amuletos más valiosos.

Desde una esquina, a una distancia prudencial y parapetado tras un archivador, contemplé el mayor choque de egos que recuerdo desde hace mucho, pero mucho tiempo. Me acompañó la ayudante del Doctor, que se presentó como Industrial Queen, un nombre ciertamente curioso y a la par que apropiado. El suelo, las paredes, los equipos... todo empezó a temblar debido al intercambio de golpes e invocaciones a seres extradimensionales que volaban en ambas direcciones con una saña sobrehumana. Parecía que estábamos en el epicentro de un terremoto. Los contendientes actuaban como si no hubiera nadie más, ni en la isla ni en todo el planeta por extensión.


En una esquina del ring, el Doctor Abismo.


Hice un par de excursiones a otros puntos temporales para conseguir protección de ese maremagnum mitad mágico mitad tecnológico tanto para mí como para la otra espectadora, que no parecía preocupada en lo más mínimo por el resultado. La confianza ciega que despositaba en su "jefe" era digna del mayor de los respetos. Yo, en cambio, lo que temía no era tanto que mi "bando" perdiera sino que mi hermano recurriera a su clásico a la par que molesto hábito de volar en pedazos a aquel/lo que no puede derrotar con sus manos. No quería compartir el mismo destino que Buenos Aires, una tragedia de la que tardarán décadas en recuperarse.


En la otra esquina del ring, Sir Edward Holst


Mis mayores temores se vieron confirmados cuando en el cenit de la pelea sentí como algo cedía, algo importante, el maldito tejido espacio temporal. Veréis, cuando uno se familiariza con los viajes en el tiempo, que no deja de ser el añadir un grado de libertad ( el tiempo) a lo que hacemos todos los días empieza a comprender un poco más como funciona la realidad así que cuando esta peta uno lo siente de otra manera, más completa. Un desgarrón apareció en medio de la enfermería y se hizo más grande hasta partir la prisión en dos y seguramente toda la isla. No tengo ni idea de si alguien iba ganando en ese momento o estaban en tablas sólo puedo deciros que al cerrarse la grieta desaparecieron, la prisión quedó medio derruida y yo me desperté en un punto indeterminado solo y completamente perdido. Sólo sé que por culpa de sus juegos florales no puedo viajar en el tiempo con una cierta seguridad de no acabar en otra dimensión y que la terminal en la que escribo esto es mi único contacto con el mundo exterior.


Industrial Queen, una aliada del Doctor Abismo.


Con mi hermano y el Doctor Abismo desaparecidos no sé muy bien que va a ocurrir aquí, tampoco sé quienes quedamos en la prisión o cómo habrá afectado este suceso a la isla. Espero no encontrarme con un mundo dominado por monos al salir, por el momento mi plan es mantener el contacto y mi cordura a través del blog mientras me entero de en que parte del edificio estoy y cómo escapar de este infierno. En cuanto a la crónica del rescate de Steiner, la proseguiré cuando la cabeza me deje de dar vueltas, lo cual, para mi desgracia, no parece que vaya a ocurrir pronto.


Un saludo desde Elba, Gustav Holst.