martes, octubre 18, 2016

Asgardia, ¿una utopía espacial?

Aprovecho el desmedido interés del suizo por la cultura pop japonesa para ser la primera en comentar en esta bitácora el anuncio de la fundación de la primera nación en el espacio. Con un nombre de la mitología nórdica tan reconocible para cualquier habitante del planeta como falto de originalidad, se ha presentado Asgardia. En su página web hablan de los ideales que los mueven, crear un nuevo orden mundial en el espacio, libre de las divisiones y conflictos que nos atan en la Tierra. Os animo a echarle un vistazo, todo suena muy bien. Dicen justo lo que quiere oír cualquier persona letrada mínimamente comprometida con el bienestar de la humanidad. Pero, ¿qué hay en esta utopía que sea tangible? Pues poca cosa, me temo. Han abierto la solicitud de ciudadanía, pues necesitan alcanzar un mínimo para solicitar la entrada en las Naciones Unidas. Dicen que cuando se alcance el millón de solicitudes, algo que sucederá pronto viendo el ritmo que llevan, lanzarán un satélite que representará esta Nueva Asgard. La financiación corre por parte de los impulsores de la iniciativa. Les daremos el beneficio de la duda. Aún así, el que la ciudadanía de Asgardia sea un segunda ciudadanía, que en la práctica no tengan territorio propio ( el satélite es meramente simbólico) y su empeño en decir que no estarán armados, me hace pensar que estamos ante un bonito gesto, un brindis al sol y no un intento serio de establecer una Utopía real como el Nuevo Mundo.

Nuestras colonias son autónomas y vive gente en ellas. Están armadas porque necesitamos defendernos de nuestros numerosos enemigos. Ser parte del Nuevo Mundo implica dejar el viejo atrás y asumir responsabilidades a bordo de las colonias, claro que también se obtienen derechos. Asgardia parece aspirar a ser una voz más en la burocratizada institución que son las Naciones Unidas, que en la práctica está en manos de unas pocas naciones con derecho a veto. Me gustaría equivocarme, mas no le veo mayor recorrido que los titulares en una prensa ávida de noticias impactantes. En cuanto pase la novedad será aparcada al rincón de los trastos, hasta que lancen el satélite o salte algún escándalo, lo que suceda primero.

¡Por el Nuevo Mundo!, Ellen Blackmoon

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